¿Dónde está la tecno-utopía?

Un pensador y antropólogo estadounidense de nombre David Graeber, está sumamente decepcionado con el trayecto evolutivo que está tomando nuestro progreso tecnológico. Gracias que vivió su infancia viendo The Jetsons (Los Supersónicos), una caricatura futurista en la que sus personajes se mueven por la ciudad en autos voladores y tienen los servicios de un robot doméstico. Actualmente mira a su alrededor y no encuentra rastro de esta tecnología que en el pasado se pensaba que en pocos años la tecnología avanzaría a ese nivel.

“¿Dónde están los coches voladores? ¿Dónde están los escudos magnéticos? ¿Medicinas para ser inmortales? ¿Las colonias en Marte?”, es la pregunta que plantea Graeber en su artículo Of Flying Cars and the Declining Rate of Profit, publicado en la revista The Baffler. “Nos han vendido una utopía tecnológica que tiene poco de utopía y poco de avanzado”, asegura el académico.

Al comenzar el año 2000, David esperaba un sinfin de reflexiones y críticas sobre cómo nos habíamos equivocado al intentar predecir el futuro, sin embargo, lo único que encontró fueron reflexiones acerca de cómo vivimos en un mundo de progresos tecnológicos sin precedentes, a lo que el antropólogo prefiere llamarlo: “La era de la simulación”.

El asombroso avance de los efectos especiales en el cine recrea cosas que deberían existir y nos hemos conformado con muy poco. El pensador tiene dos teorías para explicar el cómo hemos llegado hasta aquí y en dónde es que están, tanto los robots como las bases en la luna. La primera es que las visiones hacia el futuro no eran realistas, y la segunda es que sí eran realistas, pero hubo influencias para impedir que estos factores se hicieran posibles.

La frecuencia del cambio tecnológico en los primeros 70 años del siglo XX no se pueden comparar con la actualidad, sostiene Graeber. En 1970, también fue una época en que se consiguió transportar a unos astronautas a la velocidad de 25,000 millas por hora.

David se declara a favor de la Unión Soviética, ya que a diferencia de los que piensan que eran un grupo de burócratas grises, para él eran burócratas dispuestos a soñar cosas extraordinarias. En los años 80 existieron proyectos que no tuvieron éxito, como el intento de solucionar el hambre mundial, cosechando lagos y océanos para producir bacterias comestibles o solventar los problemas energéticos lanzando grandes plataformas de energía solar al espacio, y así mandar electricidad hacia la tierra.

Graeber afirma que la sociedad pasa la mayor parte de su tiempo vendiendo cosas, y todo gira alrededor del marketing; no se está pensando en algo más productivo para el futuro. A pesar de admirar ciertas visiones científicas de la URSS, el pensador no siente añoranza alguna por regresar a esos tiempos, lo que pide es luchar contra la burocracia corporativa que destruye la imaginación.

“Una sociedad más igualitaria, cambiaría la balanza hacia proyectos que tienen en cuenta los intereses del humano por encima de las élites.

Sería muy fácil juzgar la ideología del pensador estadounidense, decir que no está siendo realista y exagera su nostalgia, cuando en realidad hay que agradecer su espíritu crítico que exhorta a “dejar que nuestra imaginación vuelva a ser una fuerza material, en la historia humana”.

IMAGEN 3

Fuente:

ContraInfo.com

@MoodGeek

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